jueves, 4 de febrero de 2016

Acerca de lo que soy

Se podría decir que nací ayer. Durante mucho tiempo me mantuve en la falacia de que tengo tantos o cuantos años, en la falacia de creer que lo que de verdad soy es eso que se refleja en el espejo.

En el espejo se refleja una persona, que va cambiando con los años. En algunas cosas a mejor y en otras a peor (aunque en general a peor…). Pero no me siento identificado con eso que veo.

No me siento identificado porque lo que de verdad soy no tiene edad. Es atemporal. Y es atemporal porque no sabe lo que es el tiempo.

La mente es la que sabe lo que es el tiempo. De hecho, ella solita se lo inventa. Esa voz en la cabeza siempre parlante es la que siempre está viajando en el tiempo, atrás, adelante, otra vez atrás, otra vez adelante. Y de vez en cuando se detiene en el presente.

Lo que soy sabe que el tiempo es un eterno presente. Y sabe que no tengo edad, puesto que sólo tengo un segundo de vida, repetido millones de veces mientras permanezco vivo. Y antes y después de mi vida, si hay algo, será lo mismo, solo tendré un segundo de existencia, en otro lugar, en otro espacio, repetido infinidad de veces.

No me siento mayor, y creo que nunca me lo sentiré (cruzo dedos). Es mi mente la que se cree que estoy envejeciendo, y que debo actuar de tal o cual manera, o vestir o hacer o consumir cosas que corresponden con mi edad (según lo que dicta la sociedad en la que vivo), de acuerdo con los años que tiene mi cuerpo. Y si no lo hago se queja, y me chantajea o trata de venderme una moto.

Es una lianta. Pero cada vez la hago menos caso. Visto lo visto en todos los años precedentes, no es que me haya ido demasiado bien hacerle caso a pies juntillas. Puede que incluso todo lo contrario.

Mi vida ahora es como una lucha amable entre esa voz en mi cabeza, que casi nunca calla y que cada vez voy conociendo más (igual que se va conociendo a un enemigo para finalmente vencerlo), y el silencio y la observación de lo que soy realmente.

Lo que soy es mi esencia. Se puede llamar alma, el ser, espíritu, o atman. Hay muchas denominaciones, pero siempre es lo mismo. Es lo que he sabido toda la vida que estaba ahí, esperando que la redescubriera, detrás de la parlanchina mente, más allá de ella, puesto que mi esencia es la fuente de la que ella surge.

Que la redescubriera porque cuando nací estaba ahí, presente. Pero con los años la fui perdiendo. Había un vacío en mi vida, y no sabía porqué. Y era porque perdí mi esencia, oculta tras muchos ropajes hechos de pensamientos (tejidos con palabras y razones), y ni siquiera me di cuenta. De manera 
que incluso olvidé su existencia.

Como no la sentía ni la experimentaba, me sentía hueco, sin 
existencia real, como si fuera un cántaro vacío, sin contenido, 
tanto me engañó la mente.

Pero sí es real. Mi esencia no sabe de duelos, ni de tristezas 
alegrías, ni de amores o desamores. Mi esencia sabe que todo 
eso son simplemente sucesos en mi vida siempre cambiante, 
que la mente clasifica como buenos o malos. 

Mi esencia sabe que los dramatismos están de más, y que se 
trata de sacar la enseñanza de todo lo que nos pasa, para no 
volver a hacer daño, ni a los demás ni a nosotros mismos (que 
en el fondo es lo mismo). Y comprender que no existen problemas, 
sino situaciones, y cómo nos enfrentamos y reaccionamos a las mismas.

Mi esencia sabe. Y guarda silencio, y observa. Observa lo que pasa fuera y lo que pasa dentro. Mi esencia es lo que soy. Y es serenidad, y calma. Es inmutable, no cambia, y sabe que sólo tiene un segundo de vida, que se repite indefinidamente. Y esto no la aterra, porque en la atemporalidad de lo eterno la muerte no tiene significado.

En cambio mi mente cree que sabe, pero no sabe. Es una listilla. Observa poco y habla mucho, y no hace sino cambiar, mutar, equivocarse, y llevarme de la mano acompañándola en su montaña rusa emocional, y contaminando cada segundo en que está presente (y yo ausente) con lo que tenga entre manos en ese momento. Ya la conocemos, no es de fiar.

Y como yo, todos.

La esencia de cada uno es lo que cada uno es realmente. No somos esa mente doliente, preocupada, confusa y acelerada. No somos ese vaivén continuo entre el sufrimiento y la ausencia de sufrimiento, esa tormenta emocional que amaina y arrecia, y que nunca cesa en su oleaje.

Eres tu esencia. No eres tu mente. Créetelo. Cree que hay algo más allá de lo evidente que te dice tu mente que es todo.

Empieza a cuestionar esa voz en tu cabeza, y tu vida cambiará. Tu exterior irá a mejor o a peor, eso nunca se sabe. Pero no te importará, porque por dentro te sentirás en calma, y bien, y te adaptarás a lo que te echen.

Porque lo que somos por dentro somos por fuera. Y no al revés. Tu esencia sabe que esto es así.

Tu mente no. La pobre se cree que lo que somos por fuera determina lo que somos por dentro.


Así nos va. Ayyy






lunes, 7 de diciembre de 2015

Dear Prudence


Dear Prudence,

He decidido que tengo que tomar las riendas de mi vida. Durante mucho tiempo me he estado escudando en excusas hechas de jirones de excusas, echando balones fuera como un poseso, y teniendo miedo a recibir lo nuevo y despedir lo viejo.

Durante mucho tiempo he vivido con miedo. Con ese miedo que se camufla magistralmente y contamina y envenena mi vida. Lo que soy, y lo que puedo llegar a ser.

Siento decirte que creo que ya es suficiente. Hoy, dear Prudence, te dejo libre.

Te doy las gracias por los servicios prestados todos estos años, que, así de manera retrospectiva, y sin querer ofenderte, considero que han sido algunos más de los que me hubiera gustado.

También me hubiera gustado que nos hubiéramos conocido de otra manera. Eso que se nazca ya contigo y que si tienes suerte se te pueda liberar (porque muchas veces no se te descubre en toda la vida), me parece muy cruel. 

Para quien te padece, claro. Tú, pobre, haces lo que puedes, y no se te puede pedir más.

Mas nunca se sabe, quizá somos más parecidos de lo que me creo, 
y en esta vida me dedique a meter miedo a los demás, a asustarles 
con cosas que en realidad no son sino nimiedades, pero que si las 
presentas de la manera debidamente aderezada pasan por reales. 
O quizás sí que son reales, aunque no evidentes, y nos da miedo afrontarlas. 

También en eso estás siempre enredando. No tienes remedio.

El cualquier caso, mi camino sigue si ti. Te dejo libre, y me dejas libre. Nos liberamos mutuamente. Sé que los términos de la rendición no son los que te hubieran gustado, pero no estás en posición de poner condiciones. El exilio, una vez que se te descubre, es inevitable.

Supongo que muchas veces quien habitas no es capaz de verte en toda la vida. Quizás quienes habitas no saben verte como lo que no son, ese dolor y ese miedo. Tan solo se creen tú, y al identificarse contigo no pueden liberarse de ti. Creen que son el miedo, y tienen miedo. Creen que son el dolor, y son dolor. Y temen su propia muerte. Que en realidad es tu propia muerte. Por eso no nos quieres soltar. 

Pero algunos, muchos por fortuna, consiguen ver lo que eres. 

Eres un pensamiento, disfrazado de millares de formas. 

Y ese pensamiento, en cuanto dejo de estar atento, se
apodera de mí, y me creo que soy él, y el pensamiento 
cobra realidad, puesto ya no soy yo quien piensa el 
pensamiento,  si no que es el pensamiento quien 
me piensa a mí.

Y el soñador pasa a ser soñado.

Pero no eres nada más que un pensamiento. Persistente,
tenaz, y experto en el engaño. Pero sólo un pensamiento.

Palabras en mi cabeza. Miedo. Tristeza. Ira. Soledad. Desamor. Odio. Rencor. Dolor. Son tan solo palabras.

Y las palabras tienen el poder que tú decides darles. 


Dear Prudence, 

mira más allá


Dear Prudence - The Beatles

Dear Prudence, open up your eyes
Dear Prudence, see the sunny skies
The wind is low, the birds will sing
That you are part of everything
Dear Prudence, won't you open up your eyes?

Look around 
Look around 

jueves, 19 de noviembre de 2015

El Huracán

Muchas veces uno no sabe de dónde viene el viento. El caso es que vuelve. Uno está tan tranquilo… Todo está calmo. Y de repente va y sopla.

Y te pilla de improviso. Creías que durante un tiempo tocaba calma. Te equivocaste. Últimamente demasiado.

Siempre es lo mismo. Un día las gaviotas de tu puerto dejan de armar escándalo, se callan, y ves como todas levantan de repente el vuelo y se dirigen rápidamente tierra adentro. Y un silencio tal que sólo se oye el rumor del mar se adueña de todo.

Al poco llega una fresca brisa… Que de agradecer su agradable frescor pasas a pensar pero qué demonios está pasando, porque la suave brisa se ha convertido de un segundo al siguiente en un vendaval.

Entonces oteas el horizonte. Y ves lo que viene… El huracán. Todo el vello del cuerpo se te eriza. Tienes diez minutos.




Das la alarma, gritas tan alto a todo el mundo que te desgañitas: ¡¡huracán!! ¡¡huracán!!

Todos los habitantes de tu atolón se ponen a gritar lo mismo como locos mientras recogen a sus familias y corren a sus casas, a refugiarse en los sótanos de sus viviendas, preparados para aguantar los huracanes. Todos hacemos uno.

miércoles, 20 de agosto de 2014

En mi Cuarto

En mi Cuarto hay una estantería llena de sueños rotos. Son cosas que, desde pequeño, me han dado vida.

Algunos eran sueños irrealizables de todas todas, y lo sabía desde el principio.

Otros se fueron cayendo. Unos porque no supe materializarlos en la realidad (quizás no era el momento) y otros porque realmente no eran mis sueños (creo que eran sueños de mis semejantes, y que, por simpatía o autoengaño, los hice míos también).

Porque los sueños, más que elegirlos tú, te eligen ellos a ti. Así que digamos que son ellos los que me dejaron. Y me queda su impronta, en forma de sueño roto en mi estantería.

Bueno, no toda la estantería está llena de sueños rotos. En la balda de arriba hay una cajita con sueños aún "enteros". De los que tengo ahora.

La verdad es que no sé porqué conservo todos estos sueños rotos. Supongo que por nostalgia. Pero me ocupan un montón de "y si…", de posibilidades nada probables, que están fuera de mi presente.



Tengo también un baúl lleno de recuerdos.



El baúl de los recuerdos es una cosa muy extraña. Cuando los 
metes, están nuevecitos, intactos, casi íntegros (de tu memoria 
del recuerdo, claro, que es la única exactamente así de lo que pasó; 
es tu recuerdo).

domingo, 8 de junio de 2014

En el camino


En el camino aprendí que nadie tiene todas las respuestas sobre nada. Que da lo mismo cuánto crea que sé de algo, porque siempre me quedará algo más por saber, por descubrir. Algo que puede que me duela, o que me haga feliz, pero que me pillará por sorpresa en cada ocasión. Y que siempre me recordará lo estúpida que es mi terquedad en insistir en que la vida se amolde a lo que espero de ella.




Aprendí que no puedo convencer a nadie de mi punto de vista, de aquello en lo que creo y que me sustenta, porque mi punto de vista es único, como único es cada uno de los seres que habita en este universo, y cada uno de ellos cree en lo que quiere, en cada segundo de su existencia. En el único momento posible, en el fugaz instante que constituye el Presente.


Aprendí que la realidad de cada uno es eso, su realidad, su verdad, 
no la de los demás. Tan sólo puedo esperar "estar en la misma 
onda" que aquellos a los que considero afines, y disfrutar de los 
espacios comunes. Y esto es suficiente. Cuesta creer lo a menudo 
que me olvido de esto.


Aprendí que las personas vienen y van, sean más afines o menos 
conmigo, a más largo plazo o a menos, y en todos los ámbitos de la vida, 
y que hay que dejarlas ir igual que vinieron, con naturalidad. Igual que yo 
llego y me voy de la vida de las personas, y que no tiene sentido tratar de permanecer en algo o de retener a alguien cuando ya llegó el final.

domingo, 2 de febrero de 2014

El dinero… Ése gran desconocido


¿Qué es el dinero?

El dinero es el método comúnmente usado en el planeta Tierra (ya en casi todo) para estandarizar el intercambio de bienes. Puede ser cambiar trabajo especializado por dinero, o cambiar un producto que tú has hecho por dinero.

Así, en principio, no parece una mala idea.

El dinero, si lo piensas un poco, es energía. Al comienzo, cuando no existía, se usaba el trueque. Tú ofrecías algo que tenías o que sabías hacer por otra cosa que alguien tenía o sabía hacer. Entonces esto se veía más claro, sin la abstracción que supone unos pedazos de papel “oficiales” (=legales).

Tú trabajabas, empleabas tu energía, para producir algo, que luego cambiabas por otra cosa producida con la energía de otra/s persona/s. Es decir, en esencia, era un intercambio de energía, convertido en cosas prácticas.

Ahora, en estos tiempos tan mercantilistas, el trueque casi ha desaparecido (aunque parece que con la crisis está volviendo tímidamente, que nadie se entere…). Y cambiamos nuestro trabajo o producto, por dinero. Que es energía de otra/s persona/s, porque con él podrás comprar algo que ha producido otra/s persona/s.



Pues en algún momento, esto se dejó de entender. Y se empezó a pensar en el dinero como un fin en sí mismo.

Y el cisco que hay montado, en parte es por el dinero. La Avaricia, que en su expresión material más simple es la ansiedad por tener cosas (que se consiguen con dinero).

Y hemos dejado de ver que, ese dinero, es la energía de otras personas.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Bienvenid@s a la Matrix


Estamos “un poco” dirigidos, ¿no?

Desde pequeños, en este mundo occidental, normalmente vamos a un colegio. En el colegio nos enseñan habilidades y destrezas que nos son útiles para comunicarnos y entender el mundo.

Luego vamos a una escuela de oficios (universidad, formación profesional, academia…), donde aprendemos algo más concreto que nos permita encontrar un trabajo especializado, dentro del sistema productivo (en el marco, en el dogma) en el que vivimos.

Al mismo tiempo de todo esto, somos bombardeados constantemente con información sobre lo que tienen que ser nuestros objetivos, nuestras metas en la vida. Se nos dan muchas opciones, sí, cierto, las que son productivas dentro del sistema. Las que no, no pueden ser completamente ocultadas, pero son desacreditadas, directa o indirectamente. Nuestros padres y familiares tienen unas aspiraciones para nosotros, desearían que fuéramos “algo” dentro del sistema (con su mejor intención), y normalmente nos lo inculcan (conscientemente o no).





Por la televisión no cesamos de ver lo mismo una y otra vez: si tienes dinero y cosas materiales serás feliz, la seguridad está en el dinero, que además te conseguirá otras excitantes cosas, como el éxito social, que harán de tu vida un paraíso. La cultura en la que estamos inmersos en es un noventa por ciento más de lo mismo - en esencia, que los adornos son interminables.

Nuestra familia, nuestros amigos y amigas, nuestras parejas, están 
todos, o casi todos, en el sistema. Casi todos se han formado en 
algo dentro de este sistema que les convierten, como a ti mismo, 
en una pieza.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Una Revolución del Sentir


El Ángel dejó en el perchero su gabán, con gesto cansado. Había sido un día agotador.

Mucha gente en crisis, jóvenes y mayores, con el gesto torcido o la mirada triste. Mucha gente dolida, rota, atormentada, allá por donde fuera, en esa, su ciudad.


El Ángel recorría las calles, los parques, los centros comerciales. Iba a los lugares donde había gente. Porque la gente era su trabajo.


Su trabajo era ver a la gente. Por Dentro. Y sanarla.


El Ángel sobre todo buscaba la mirada, los ojos, y los contornos de los ojos.

Los ojos eran la ventana del Alma. Daba igual cómo estuviera la gente vestida, maquillada o disfrazada. Las palabras que pronunciaban no eran tomadas en cuenta, ni las aparentes actitudes ni estados de ánimo.

El Alma no se podía disfrazar. Y los ojos, y la mirada que se contagiaba, daban acceso. Al que sabía leer.

El Ángel obtenía mucha información de las personas tan sólo por su mirada y su expresión. No obtenía datos exactos de las situaciones y los problemas que habitaban en las personas, pero sí del Sentir.

El Sentir es Universal.

El Ángel sabía que las personas en su sentir somos todas parecidas. Al final son unas cuantas situaciones existenciales, unas determinadas combinaciones de hechos-emociones-creencias-pasiones… enriquecidas por los mil detalles de la realidad de cada uno. Un mapa básico del sentir humano.

En la mirada estaba esa esencia del sentir de las personas. Los detalles se quedaban en los registros de la mente y la memoria y en las palabras no dichas, pero el sentir de cada persona se destilaba en su mirada.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Hora Cero



De vez en cuando hay que perderse. Para encontrarse de nuevo.

Para encontrarse de nuevo pero de otra manera. 


Porque, de alguna forma, con algún mecanismo que desconoces, mutas. Te conviertes en otra cosa.

Aprendes del dolor. Aprendes del placer (si quieres aprender, que a veces no nos viene bien). 


Vas acumulando pequeñas o grandes lecciones, que, juntas, te tocan en algún pilar fundamental. Te tocan en la fibra, en algo importante que te sostiene.

Y ves que ese pilar no se sustenta más, por mucho que lo apuntales, porque está caduco, desfasado, marchito. Si se ha caído ya unas cuantas veces, es porque no tiene arreglo. Y toca reemplazarlo.


Las cosas, las creencias, las emociones, las pasiones, las maneras y actitudes de ser en la vida, también llegan a su fin. Tienen una vida útil, como todo. Todo lo que se ve, y lo que no se ve, tiene un principio, una vida, y un fin.



Todo está cambiando, continuamente. Las personas también, aunque nos aferremos a una inexistente y ficticia (pero consoladora) seguridad.

Todos mutamos. Sin descanso. Y sospecho que no nos damos mucha cuenta. A no ser que te observes. Que te observes continuamente, en todo lo que sientes, piensas, y haces o dices (en ese orden). Y en las consecuencias de las cosas que haces y dices.

Entonces sí te das cuenta… Porque a la segunda vez que se repite una misma situación, aunque sea disfrazada o maquillada de otra manera, amigo… Ya la has visto antes. Arrieritos somos.



Y hay que cambiar creencias y pilares fundamentales. Y tomar 
decisiones.



Esas decisiones no siempre son bien entendidas por tu familia, 
por tu pareja si la tienes, por tus amigos. Porque no estás en 
la norma.

Estar en la norma es 
una de las cosas que 
nos dan seguridad. Nos 
agrupamos en pequeñas 
tribus, agrupadas en clanes. 

Las redes sociales en 
las que estamos y los 
contactos que tenemos 
son un reflejo de esas 
pequeñas tribus, interconectadas unas con otras e incluidas globalmente en clanes, las culturas en las que vivimos.

Y estar en la norma tiene unas obligaciones, exige unos usos de comportamiento social (los de tus tribus y tu clan, creencias y metacreencias).


Si no los sigues, sin querer, poco a poco te vas quedando fuera de la corriente de ideas de tus pequeñas tribus. Y sigues cambiando, claro, pero un poco más solo.

No es que te quedes solo solo. Sigues en el clan de tu cultura, y si te apetece, puedes ir abrazando poco a poco otros clanes, otras culturas.



Sigues un poco más solo. Y un poco más libre.



Porque tus emociones, pensamientos y pasiones no están condicionadas por tus tribus. Tú eliges a qué ideas te adhieres, y en qué medida, dentro de todo lo que observas, y eliges también, en la medida que te es posible, cómo vas cambiando.

Cuando estás dentro de la corriente, absorto en ella, no ves lo que hay fuera. Que es muchísimo.

Pero estamos en nuestra zona de confort, y nos cuesta cambiar. Aunque es inevitable. El cambio es inevitable, porque con sólo vivir y relacionarte con alguien, ya estás cambiando. Y ese alguien cambiando contigo. Somos muchos más permeables de lo que comunmente nos creemos.



Todo cambia. El tema es si eliges o no cómo cambias. Si te dejas llevar por la norma, o si haces tu propia norma (aunque sea rara o minoritaria).

Porque cómo tú estás afecta a TODO lo que te rodea. Porque todo está conectado.

Todo está conectado físicamente, de verdad!! La ciencia lo está empezando a comprender (energía oscura lo llaman, para frikies).


Tú decides lo que haces con tu vida. Tú. Nadie más.


Confía en ti mismo. Se pasa miedo, pero… Merece la pena.


Merece la pena, porque, un día te levantas, y te das cuenta… Estás exactamente en el punto en el que querías estar. Un nuevo punto cero. 



Una Hora Cero, para comenzar de nuevo.

Pero esta vez desde la consciencia. Observándote. Sin miedo en el corazón y con muchos sueños en la cabeza. 


Estás listo. Ve, y sé feliz :)


Björk - Hyperballad